Sobre libros (I)

Ya advierto de que voy a reseñar unos cuentos de estos. Es pura necesidad. Es lo que ahora estoy leyendo: libros sobre libros, sobre ese objeto que evolucionó desde las tablillas mesopotámicas a la producción en serie de volúmenes (etimológicamente rollos: papiros sobre todo) de papel. Aquí nos gusta el papel y también las ediciones hechas con cariño.

Este libro que edita Calambur (la primera vez que tuve un libro de esta editorial en las manos fue para leer a mi muy admirado Juan Carlos Mestre) es una recopilación de investigaciones hechas por Víctor Infantes entre 1983 y 2000. La lectura no es sencilla, el lenguaje bibliográfico es una barrera si no eres bibliógrafo. Tampoco lo he leído entero. Ahora me interesan mucho los puntos que hablan del formato y el de la representación, esto es: de las imágenes impresas en los libros.

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Curioso, realmente sabroso, el capítulo que trata las titulaciones de los libros del siglo dorado y, sobre todo, durante lo que fue transición entre el libro manuscrito e impreso, dado que las titulaciones cobran de pronto una importancia total a la hora de identificar géneros que en su versión artesanal se discrimanaban fácilmente por su aspecto: y véase que en dichos títulos encontramos la palabra libro, crónica, historia, tratado, cuento… y véase que uno no se encuentra necesariamente -disculpen que me ponga la voz del autor- en el contenido aquello que el título anuncia o que, simplemente, la división de géneros aún no estaba bien concretada… en fin… mucho de qué hablar y de qué tratar.

También he leído el escrito de 1526 que aparece en una página en blanco  de la edición del impresor de Sevilla Jacobo Cromberger “Visión delectable de la philosophía e artes liberales, metaphísica y philosophía moral”, del bachiller Alfonso de la Torre. Se ve que quedó una página en blanco y alguien escribió “En donde y por quién fue inventada la arte de imprimir libros, y en qué año se divulgó”. Se supone que para rellenar ¿A que le pica la curiosidad?

Otro de los apéndices sabrosos: “Luis Vázquez de Mármol, condiciones que se pueden poner cuando se da a imprimir un libro (siglo XVII”. He dejado escapar el libro hacia el aula de teatro La Guardería y me veo obligado a hablar de memoria, pero juraría que este es un pliego suelto.

Por último -ya sé que por escrito hablo mucho- debo decir que me lo he pasado pipa con el último de los textos, este de Gonzalo de Ayala, corrector de la imprenta de Luis Sánchez, llamado “Apología del arte de imprimir”, Madrid, 1619. Fiesta de San Isidro. El regidos debe recaudar para la organización y los comerciantes son instados a que hagan sus aportaciones. El texto de Gonzalo de Ayala es la reacción a esta petición que su imprenta sufre como si fuera un comercio y en ella se ensalza al gremio de impresiores como artistas ingeniosos y liberales frente a la pobre condición de mercaderes de los libreros, ya que los regidores establecen entre ambos una equiparación que nuestro impresor no concibe.

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Víctor Infantes, ente 1983 y 2000. Editorial Calambur, 2006.

214 páginas. Pvp 20 €.

También disponible en el aula de teatro La Guardería. C/ Sinagoga s/n. Valladolid.

Cita con lo invisible

Lástima que en la librería Los Editores no llevara Mestre sus acuarelas encima. Y suerte que tengo una dedicatoria un tanto diferente a las que él suele hacer: con una pluma y una copita de agua este dibujo recuerda más a las cenizas.

Precisamente con Juan Carlos Mestre terminamos el pasado lunes 30 de mayo la primera temporada de LUCES DE CANTINA (en Casa Chichí), esa cita semanal con autores de distintas nacionalidades y estilos y en la que compartimos un vino, una cerveza o una infusión. Este verano empezaremos a preparar la segunda temporada que casi podría llamarse tercera pues tuvo en la primavera de 2015 su germen o preludio. Es una de las actividades de la librería que más me satisface, y creo que los amigos que participan de ella también disfrutan mucho.

LA CASA ROJA es un poemario que descubrí en 2009 y con el que descubrí a este poeta de Villafranca del Bierzo multidisciplinar para quien “la poesía es lo que permanece -apenas una huella interpretable- tras haberse  apagado lo oído  en el fuego donde conversan las llamas”. Y así sucesivamente maravilloso.

 

La casa roja

Juan Carlos Mestre, 2008. Calambur, 2008. 170 páginas. 15 €.