RELATOS PARA NO TENER QUE LEER, 4. Sobre la condición de gente de familia cuando menos acomodada de la mayoría de artistas de este planeta cuya obra (y milagros) ha trascendido se podría e incluso puede que se debiera hablar , y es seguro que hay quien lo hace. Nosotros no porque nos conformamos o, en realidad, nos da igual dicha condición aunque no podamos evitar tenerla presente. Que nos damos cuenta, vaya, sobre todo cuando el autor o autora no sabe en realidad dirigirse a una mayoría potencial de lectores que inexplicablemente descarta.

Guadalupe Nettel, 2011. Anagrama, 2011. 198 páginas. Pvp: 17, 90 €
Cuando la realidad biográfica se mezcla o se recrea con ficción esta cuestión cobra importancia. Personalmente me apasionan las vidas de gente bien y celebro que algunas de ellas tengan el impulso artístico de expresarse o recrearse como obra. «El cuerpo en que nací» tiene ingredientes de sobra para procurar un relato jugoso, empezando por el defecto en el ojo que condiciona el desarrollo desde niña de la propia Guadalupe Nettel y siguiendo por la condición liberal (en el sentido más humanista y pijo) de sus padres, que practican la libertad sexual, conviven en comunas hippies y, en definitiva, buscan alternativas a una vida normal que tienen amortizada y superada. Sin embargo no acierta Guadalupe Nettel a crear un relato con la mínima pulsión narrativa y por todo pasa de manera superficial y sosa, como si el lector de pueblo que tiene una librería aún no sabe muy bien por qué (pero ha de ser porque le gustan los libros o porque quiere que se note que le gustan los libros) supiera de qué puñetas le está hablando. Una pena, y un rollo, vaya, una decepción que sin embargo me ha abierto el apetito y me ha llevado a leer la tercera parte de la obra autobiográfica de Knausgard (la que habla de su infancia),quien seguramente no tiene mucho más que contar (o puede que menos) y cuenta, sin embargo, mucho más.

No sé la razón por la que me he encontrado con este libro entre algunas de las novedades que han llegado a la librería este verano, o puede que lo haya pedido sin saber muy bien por qué, quizás alguna reseña en el Babelia o El cultural… el caso es que leí la novela como si se tratara de una novedad y descubro antes de publicar esta entrada que, en realidad, se trata de una obra de 2011, y que la mexicana tiene una trayectoria bastante reconocida. Así pues puede que lea algo más de ella en otro momento. Ahora mismo no me resulta apetecible.
