Paletos de derechas.

Veo los debates, los telediarios de TVE. A veces los veo mucho: puedo ver el debate mañanero LOS DESAYUNOS varios días seguidos. No tengo muy claro las razones aunque sospecho que tiene que ver con la necesidad de saber qué piensan los otros. Trato de quitarme el concepto “otro” de la cabeza para ver en el otro una oportunidad para mí pero ya ve, lector, que de momento no me sale. Escucho y aprendo en cualquier caso.

Hace unos días me quedé dormido en la pequeña siesta de diario: yo hago mis siestas más bien despierto. A las cinco había uno de esos debates del 24 HORAS que me gustan. Tomé aire porque es de verdad que me gustan pero siempre necesito unos instantes de mentalización. Del debate formaba parte Graciano Palomo. Es este un tertuliano burgalés, peculiar, de impresionante bagaje periodístico y cuya retórica admiro porque utiliza expresiones de otro tiempo y me parecen exóticas. Y originales, ricas. Él dice que habla “como los del surco”: dejo aquí una entrevista. De aquellas, estaba rodeado de otros contertulios con argumentario conservador y llamó mi atención una teoría que entre todos ellos empezaron a defender: esta consistía en que el votante de Erdogan era el habitante -de momento no lo vamos a elevar a la categoría de ciudadano- de las zonas rurales. De pueblo, vaya: de tan paletos, ignorantes, votaban a los populistas, los del discurso de oferta. Me dejó perplejo. Así, igualmente de pueblo era el votante que posibilitó el brexit británico, el que dio la victoria a Donald Trump y, por supuesto, quien estaba dando oportunidades a Le Penn en Francia. Francia. Y EEUU y Gran Bretaña y Turquía. ¿Y España? Me preguntaba yo. ¿A quién votan los paletos españoles? ¿También a los populistas?

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A Graciano Palomo se le nota, por otra parte, desencantado. Dice que no está para defender a chorizos, que tiene una edad ya. Le gustaría que Rajoy dimitera. Cuando hablo de politiqueos con mis amigos de la cantina, o cuando lo hago en otros ámbitos, mi respuesta siempre es la misma: no hay nada que hacer. Salvo una cosa. Si eres de pueblo hay margen de acción: trabaja para tu comunidad, enriquécela. Se activo, ciudadano. Sal a la calle y haz cosas. Con el ayuntamiento o con otros, da igual. Juntémonos. Podemos estar por encima de los acontecimientos nacionales e internacionales siempre que estos no sean extraordinarios. Como ciudadanos podemos ser extraordinarios siempre. Vivamos de una forma activa, pues. Seamos de pueblo y de nuestro pueblo. Sed de vuestro pueblo, despabilad. Ningún voto nos va a dar oportunidades de verdad: hay que ponerse el mandil y cocinar. Si vives en un pueblo tienes suerte, puedes lograr que otros participen, puedes hacer de tu pueblo un espacio con la personalidad propia de sus vecinos.

Yo soy de Olmedo. Pueblo vallisoletano. Los de Olmedo tenemos por vecinos de comarca a los pedrajeros, de Pedrajas de San Esteban, y este año mantengo con ellos una relación más estrecha de lo acostumbrado. No voy a entrar en la ridícula disputa entre pueblos fruto de un chauvinismo que se ve claro en el ojo ajeno de la política estatal. Voy mucho a Pedrajas últimamente. Hace años que mi librería toma partido en su Feria del Libro Rural. En 2017 se ha celebrado su quinta edición. Así que allí estuvimos con nuestros libros de teatro, de poesía, cómic… y organizamos un par de actividades para la tarde. Una consistía en el cuentacuentos de la compañía de teatro Pie Izquierdo EN LA GLORIA, con el que Esther Pérez Arribas provoca a sus pequeños espectadores con títeres que la acompañan.. Historias que hacen reflexionar, que hacen ciudadanos: estoy muy tocado por un libro de Toni Puig, que recomiendo a todo el que le interese la gestión cultural y también al que interese la política, en el sentido amplio, generoso, de la palabra. Se llama SE ACABÓ LA DIVERSIÓN.

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Desarrollamos otra actividad esa tarde que consistió en una tertulia entre algunos de los autores de OLMEDO INSÓLITO. Es este un libro de obritas literarias que surgió entre los tertulianos de mi librería. Siete autores escribimos (yo también lo hice y de verdad que lo siento) siete piezas cada uno (fundamentalmente cuentos y poemas) que tenían a nuestra villa y a algunos de sus villanos como protagonistas de todos ellos. El siete, además de número mágico, está ligado a la tradición legendaria de Olmedo, pues supuestamente lo enriquecen siete pueblos, siete iglesias, siete conventos, siete casas nobles, siete fuentes, siete arcos y siete plazas, es decir, siete sietes. Lo importante es que (José María Rodríguez, Esther García Guerra, Juan Carlos Baruque, Antonio Roset, Carlos E. Sainz de la Maza, Ángel Molpeceres y un servidor) decidimos desarrollar el juego y ahí que fueron nuestras cuarentainueve mentiras como cuarentainueve soles: divertidas, desenfadadas y cariñosas. Entre el público que nos escuchaba otros amigos que escriben de lo suyo y que participaron de la tertulia: Carlos Arranz y Víctor Sanz. Del primero hablaré en otro momento. Del segundo unas breves líneas para despedir esta entrada.

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A la semana siguiente, ya de vuelta a Olmedo, acompañado por Antonio Hurtado, Víctor Sanz escenificó nuestra última escena por el momento. DE COSECHA PROPIA es un recital de poemas que Víctor interpreta y que Antonio viste con música de guitarra. Es pura participación ciudadana: me encantó. Víctor nos contaba historias que contextualizaban sus poemas, conectaba con el público de la librería y cosechó también algunos cómplices esa tarde. Cultura de participación directa. Cómplices y más cómplices para seguir tejiendo nuestros espacios, espacios cuya gestión no se pueden delegar en los votos de cada tantos años. Nos gusta lo pequeño porque es lo importante, porque es lo verdadero y porque es la única oportunidad que tiene lo grande para ser con sentido. Somos muy de pueblo, pero no tan paletos.

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Varios autores, 2016. Autoedición.

334 páginas. Pvp: 12 €.

Disponible en librería y en el aula de teatro La Guardería (Valladolid)

Recibir y dar teatro.

Los días 27, 28 y 29 de marzo los he pasado en Sevilla asistiendo a la última edición de las jornadas de reflexión que organiza la asociación de compañías de teatro para la infancia TE VEO. Allí hemos podido conocer (iba con Esther Pérez Arribas y su PIE IZQUIERDO) unos cuantos proyectos interesantes, comprometidos con jóvenes, niñas y niños y, sepámoslo ver, con la sociedad. Lejos de renunciar a la capacidad transformadora que desde instituciones ni si quiera parece olerse, el teatro sigue considerado por sus profesionales como una oportunidad única para nuestra sociedad. Espero poder pararme más adelante en alguno de estos proyectos, los que más me han interesado, y hablar de ello con la dedicación que se merecen:

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PROGRAMA.

En cuanto a libros se refiere lo más interesante de estas jornadas ha sido el que firma Manu Medina y que edita ÑAQUE (esa editorial fundamental con la que un día me entenderé): TEATRO Y ¿DISCAPACIDAD?. Manu Medina, director de la compañía teatral PALADIO ARTE,  lo presentó como parte de su ponencia sobre Teatro Brut, durante la cual relató elocuentemente su colaboración con La Caixa en su proyecto de promoción de las prácticas teatrales en los centros escolares. En el libro el lector tendrá acceso a la historia vital del autor, desde la ostentación al arte, a sus planteamientos de integración social y pedagogía curativa.

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Desde luego los de la compañía recibimos más durante aquellos días. La función MARAVILLAS EN EL PAÍS DE LAS MISERIAS, de la compañía ATIKUS TEATRO, un juego muy serio en el que la injusticia se muestra a través de la guerra normalizada por la rutina de los días, con la interpretación maravillosa de los jóvenes Jon Muñoz Capellán y Ane Sagüés Abad.

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También recibimos, junto al resto de la famillia teatrera de TE VEO, la energía directa, noqueadora, del TEATRO DE LA INCLUSIÓN… gracias a quienes pude hablar de libros porque uno de sus actores, Pepe, ha escrito su historia de calle y teatro y ambos suponemos que a alguien debe interesar: la verdad está en cada vivencia, seguramente sólo está en cada vivenvia, y de ella supimos la noche en que Teatro de La Inclusión nos contó sin apenas palabras sus BREVES RELATOS DE VERGÜENZA Y OLVIDO en el refectorio del sevillano Espacio Santa Clara.

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Hemos seguido recibiendo, y algo hemos dado en días posteriores: musical UVDE, en Valladolid, bajo la dirección de Sergio Merino, montaje musical con unos cincuenta intérpretes entre músicos (cantantes, instrumentales…) y también actores dirigidos por Esther Pérez Arribas, que al día siguiente recogía su premio DELIRIOS DE MUJER de los ENCUENTROS MORETTI 2017. Lo recoge AQUÍ. Y les recomiendo entrar porque merece la pena.

Y tratamos de seguir dando cosas que merezcan la pena. El compromiso pedagógico y cultural tanto de la librería como de la compañía son totales y por eso desde hace un tiempo emprendemos juntos acciones que consideramos necesarias. Estos días empieza el nuevo monográfico de los cursos de teatro LA GUARDERÍA. Uno de nuestros alumnos, Antonio, buscaba un libro que complementase su formación actoral y Esther le ha recomendado EL ACTOR Y LA DIANA, de Declan Donnellan, libro de cabecera para tantos. Así que este (por fin llegamos) es en realidad nuestro libro del momento, y lo exponemos en el altarcillo del aula de teatro rodeado de otras posibilidades teatrales que ofrecemos en estas fechas:

Cursos de Iniciación al teatro de La Junta de Castilla y León, para chicos de entre diez y diecisiete años, y la quinta edición de los campamentos teatrales de San Miguel del Arroyo.

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Declan Donnellan, 2000.

Editorial Fundamentos, 2004. (Traducción de Ignacio García May)

206 páginas. 14 €.

Hacer memoria.

La secuencia va así: leo un día en EL CULTURAL una entrevista a Juan Mayorga hecha por Alberto Ojeda: nazismo, memoria, dolor de las víctimas y, en definitiva, EL CARTÓGRAFO, obra estrenada en el Calderón de Valladolid y que no pude ver. Me dio mucha pena perdérmelo teniéndolo tan cerca. Unas cuantas semanas después leo un artículo que firma Reyes Mate (Premio Nacional de Ensayo 2009), y de nuevo la memoria. Puede trazarse sin necesidad de forzar demasiado un línea desde Adorno (por qué no Marx) hasta Reyes Mate pasando por Arendt y Habermas. Me gustó mucho ese artículo filosófico que aborda la necesidad de conocer las bases de nuestro presente ahondando y asumiendo el sufrimiento al que la filosofía parece no tener en cuenta, y quedé especialmente encantado de que nuestro pensador fuera pedrajero, nacido por tanto a unos diez minutos de mi librería, de mi casa. Bien: el otro día mi amigo Miguel Ángel Pérez “Maguil” me encargó EL CARTÓGRAFO (por seguir estableciendo conexiones diré que también me encargó VERDAD Y MENTIRA EN POLÍTICA, de Hannah Arendt), y como ya tenía el gusanillo en el cuerpo lo he estado leyendo. El libro está dedicado a Reyes Mate, y esto me sorprendió mucho porque yo desconocía la conexión entre ambos autores, que por lo que he podido ver es íntima intelectualmente hablando. Mayorga es licenciado en Matemáticas y doctor en Filosofía. Además parece que un autor común a ambos es Walter Benjamin. Estoy encantado con esta nueva red, a la que espero poder añadir en breve a Marina Garcés: pero aún leyendo.

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Por lo demás: “Sal a la calle y pregúntate tú qué debe ser recordado”, le dice el anciano a su nieta, aprendiz de cartógrafa, encerrado en el gueto judío de Varsovia. La cartografía como el arte capaz de dibujar memorias. Si no sirvieron en su momento quizás aún sean necesarios para mirar lo que pasó y, por tanto, saber lo que somos.Para ello hay que saber descifrar los mapas de la supervivencia, pero también los mapas de la guerra, unos y otros tienen en común que se dejaban robar, “eso se hace desde Roma”, y pueden, por tanto, conducirnos adonde no vamos.

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Un total de doce personajes puestos en escena por dos intérpretes -no ha de olvidarse que el dramaturgo es en esta fantástica edición de LA UÑA ROTA director de los intérpretes Blanca Portillo y José Luis García-Pérez- que viven el gueto de Varsovia en épocas diferentes, desde su funcionamiento como tal en el nazismo hasta cuando no queda de ello ni rastro en la Polonia contemporánea, y cuya verdad se construye necesariamente sobre la memoria del dolor y del sufrimiento. Tengo que verlo sobre las tablas.

El libro se cierra con un ensayo de Alberto Sucasas, que aún no he leído: Cartografía teatral.

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Juan Mayorga, 2016. La Uña Rota, 2016.

(Incluye ensayo de Alberto Sucasas: Cartografía teatral)

132 páginas. 12 €.

(Tb disponible en aula de teatro La Guardería. C/ Sinagoga s/n. Valladolid)

Sobre libros (I)

Ya advierto de que voy a reseñar unos cuentos de estos. Es pura necesidad. Es lo que ahora estoy leyendo: libros sobre libros, sobre ese objeto que evolucionó desde las tablillas mesopotámicas a la producción en serie de volúmenes (etimológicamente rollos: papiros sobre todo) de papel. Aquí nos gusta el papel y también las ediciones hechas con cariño.

Este libro que edita Calambur (la primera vez que tuve un libro de esta editorial en las manos fue para leer a mi muy admirado Juan Carlos Mestre) es una recopilación de investigaciones hechas por Víctor Infantes entre 1983 y 2000. La lectura no es sencilla, el lenguaje bibliográfico es una barrera si no eres bibliógrafo. Tampoco lo he leído entero. Ahora me interesan mucho los puntos que hablan del formato y el de la representación, esto es: de las imágenes impresas en los libros.

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Curioso, realmente sabroso, el capítulo que trata las titulaciones de los libros del siglo dorado y, sobre todo, durante lo que fue transición entre el libro manuscrito e impreso, dado que las titulaciones cobran de pronto una importancia total a la hora de identificar géneros que en su versión artesanal se discrimanaban fácilmente por su aspecto: y véase que en dichos títulos encontramos la palabra libro, crónica, historia, tratado, cuento… y véase que uno no se encuentra necesariamente -disculpen que me ponga la voz del autor- en el contenido aquello que el título anuncia o que, simplemente, la división de géneros aún no estaba bien concretada… en fin… mucho de qué hablar y de qué tratar.

También he leído el escrito de 1526 que aparece en una página en blanco  de la edición del impresor de Sevilla Jacobo Cromberger “Visión delectable de la philosophía e artes liberales, metaphísica y philosophía moral”, del bachiller Alfonso de la Torre. Se ve que quedó una página en blanco y alguien escribió “En donde y por quién fue inventada la arte de imprimir libros, y en qué año se divulgó”. Se supone que para rellenar ¿A que le pica la curiosidad?

Otro de los apéndices sabrosos: “Luis Vázquez de Mármol, condiciones que se pueden poner cuando se da a imprimir un libro (siglo XVII”. He dejado escapar el libro hacia el aula de teatro La Guardería y me veo obligado a hablar de memoria, pero juraría que este es un pliego suelto.

Por último -ya sé que por escrito hablo mucho- debo decir que me lo he pasado pipa con el último de los textos, este de Gonzalo de Ayala, corrector de la imprenta de Luis Sánchez, llamado “Apología del arte de imprimir”, Madrid, 1619. Fiesta de San Isidro. El regidos debe recaudar para la organización y los comerciantes son instados a que hagan sus aportaciones. El texto de Gonzalo de Ayala es la reacción a esta petición que su imprenta sufre como si fuera un comercio y en ella se ensalza al gremio de impresiores como artistas ingeniosos y liberales frente a la pobre condición de mercaderes de los libreros, ya que los regidores establecen entre ambos una equiparación que nuestro impresor no concibe.

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Víctor Infantes, ente 1983 y 2000. Editorial Calambur, 2006.

214 páginas. Pvp 20 €.

También disponible en el aula de teatro La Guardería. C/ Sinagoga s/n. Valladolid.

Teatro para quién

Incansables mis amigos de la Asociación de Directores de Escena siguen enviando ejemplares a mi librería, casi todos interesante y algunos de ellos como este volumen que recoge trabajos Romain Rolland y de Jean-Richard Bloch- con un irresistible olor que me ha llevado a sin apenas haberlo sujetado entre las manos a hincarlo el diente: hace ya unos días y aún tengo hambre desde entonces. Estos autores franceses que propusieron un teatro social y de compromiso vivieron la Gran Guerra, coetáneos de otros grandes como Meyerhold, Stanislawski, Piscator… nos ofrecen,nos proponen una misión del teatro que aún en el siglo XXI se nos antoja inacabado y, vaya, digamos lo que de verdad pensamos: inacabable. Transcribo índice y el comienzo de la introducción que hace Rosa de Diego a los autores.

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ÍNDICE.

INTRODUCCIÓN,

por Rosa de Diego.

 

EL TEATRO DEL PUEBLO,

de Romain Rolland.

Prefacios.

Introducción. El pueblo y el teatro.

Primera parte. El teatro del pasado.

Molière.

La tragedia clásica.

El drama romántico.

El teatro burgués.

El repertorio extranjero. Las tragedias griegas.

Shakespeare – Shiller – Wagner. No existe en el pasado más que un repertorio de lecturas populares y no de teatro popular. Las lecturas no son suficientes, el teatro es necesario.

La obra de los Treinta años de Teatro y las galas populares.

 

Segunda parte. El nuevo teatro.

Los precursores del teatro del pueblo: Jean-Jacques Rousseau, Diderot, La Revolución francesa, Michelet.

Los primeros intentos del Teatro del Pueblo.

El nuevo teatro. Condiciones materiales y morales.

Algunos géneros de teatro popular. El melodrama.

La epopeya histórica.

Otros géneros del pueblo: Drama social – Drama rústico – Leyenda y cuento – Circo.

 

Tercera parte. Más allá del teatro.

Las fiestas del pueblo. Conclusión.

 

 

 

UN TEATRO COMPROMETIDO,

de Jean-Richard Bloch.

El teatro del pueblo, crítica de una utopía.

Destino del teatro.

 

Índice.

Publicaciones de la ADE.

 

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El teatro, la sociedad.

“El arte puede y debe intervenir en la Historia”

(Théatre Populaire, nº 11, enero-febrero, 1955)

Jean Vilar considera que si fuera necesario asignar un lugar al teatro y darle un rango en la reconstrucción humana, habría que otorgarle el primero; no hay gesto humano más antiguo, permanente y esencial, más seguro de prolongarse y de ser continuamente repetido. El teatro puede ser punzante, lacónico, escéptico, profético, cómico, trágigo, pero, en cualquiera de los casos, sólo permanece vigente si comprende y aborda las realidades y las necesidades de su época.

Si nos preguntáramos para qué sirve el teatro, podríamos plantear muchas respuestas posibles. El teatro es, junto con las otras artes, un enorme registro, una exploración, sobre el hombre y la vida, un espacio en el que la experiencia humana puede resguardarse y transmitirse. El teatro ha sido siempre un medio de expresión artística insertado de forma más o menos evidente en la sociedad en la que se produce y representa. No existe teatro sin un colectivo que promueva un espectáculo (autor, director, actores, etc.) y sin una comunidad que contemple aquél espectáculo (público). El teatro podría ser una forma de divertimento, comparable entonces al circo o a la televisión. Indiscutiblemente, el origen griego del término teatro, theatron, revela una propiedad fundamental de este arte: es el lugar desde el cual el espectador mira una acción representada en otro espacio. El teatro es , en efecto, un punto de vista sobre un acontecimiento. Y en este sentido, el teatro, por su propia naturaleza, mantiene relaciones estrechas y profundas con la sociedad en la que se representa. Por ello, muchos dramaturgos a lo largo de la historia han tenido objetivos más ambiciosos: el teato es un vehículo para abordar cuestiones morales, existenciales, filosóficas del hombre y de la propia sociedad. De este modo el espectáculo teatral, a través de su fiesta comunitaria, de ese intercambio apasionante entre autor, actor y público, plantea muchos problemas esenciales y tambiñen universales y constituye una constetación de los valores establecidos. El teatro es un espejo que refleja nuestra existencia y, por lo tanto, hace reflexionar al espectador, le enseña, le consuela, le distrae. El teatro, más que nada, más que nunca, ha de estar conectado con la sociedad en la que surge. Quien dice sociedad, dice también política. Indiscutiblemente, en este planteamiento de interrogantes al público desde el escenario, desde la estimulación intelectual y moral, desde el compromiso ideológico, hay también implícita una función didáctica. Ante los problemas de nuestro mundo actual, ante ciertas expresiones violentas y de restricción de libertad, ante catástrofes y situaciones de pobreza y dolor, ante el sufrimiento y la muerte, los creadores artísticos en general, y teatrales en particular, es decir, quienes reflexionan sobre la vida y el ser, se preguntan sistemáticamente “qué se puede hacer” e intentan sensibilizar al público, agitarle.

 

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Rosa de Diego, 2016. ADE, 2016. 290 páginas. Pvp, 15 €.

También disponible en aula de teatro La Guardería.

C/ Sinagoga s/n. Valladolid.

 

Cuanto más grande menos se ve…

Esta es una de esas reseñas que no son. Es el objetivo principal de este blog: no escribir reseñas. Por eso en mis entradas hay mucho copia y pega: me digo que bastante tengo con seleccionar los títulos que llegan cada semana a la librería, que bastante tengo con discrimar lo que merece la pena de la morralla. Pero desde que empecé a escribir en mi primer blog sobre libros, en 2008, siento la necesidad de opinar sobre aquello que leo. Lo hago también en esta ocasión y en la menor medida posible.

LLEGA LA NOCHE es una obra dramática que merece la pena. Se lee muy rápido porque es corta y porque es intensa, muy intensa. Estructura circular, no sé si decir de círculos concéntricos, la acción se despliega, se repliega y, en definitiva, se desarrolla hacia el precipicio de la oscuridad, denso, profundo y, sin embargo, mesurable: ahí está lo malo. Hay cosas que se preferiría no medir, no saber. La noche engulle a los cinco personajes de esta obra en la que no hay una cotidianeidad posible.

La oscuridad de la casa en la que ocurren los hechos la pretenden alumbrar los personajes de su familia con mentiras, con un malentendido fruto del dolor, de una cobardía que cualquiera puede entender. Pero nadie puede salvarse por eso. Las cosas no dejan de pasar porque no se cuenten y, es más, seamos rigurosos, las cosas no pueden quedar sin contarse: todo saldrá a a luz y puede que de la peor manera. Sí se salva el lector, sí el espectador que debería asistir intrigado (habrá una dirección, unas interpretaciones…) a un relato complejo a varias voces que a veces es diálogo y a veces no, que es presente y futuro y pasado, un relato cargado de miedos, poético, vertiginoso…

Miguel Ángel Ortiz lo introduce así: “Andamos haciendo círculos los unos tras los otros, en el tiempo de la tierra podrida por la lluvia y la casa derrumbada. Plantamos cipreses, uno por cada uno de nosotros. Es entonces, mientras se escribe, cuando nos llega la noche. Cuando nos llega como nos llegan el agua y la lluvia, o como nos llegan las luces deslumbrantes. Y con la lluvia que vuelve, con las ropas empapadas goteando cristales, olvidamos al padre o a la madre, olvidamos al hijo o al hermano, olvidamos al hombre y a la mujer, nos olvidamos de nosotros mismos, mientras se escribe, sin disculparnos por ello. Ahí están el veneno de la verdad y la lluvia que vuelve, la noche que llega, el envoltorio de la luz y el silencio. Ahí está, en el interior y en el exterior de la casa, las manos cruzadas sobre el abdomen, las semillas compradas, la tierra de nuevo en las uñas. Es ya, al fin, el momento de descolgar el telégfono o de abrir el sobre que alberga la carta.

Miguel Ángel Mañas sabe quién habita la casa. Sabe de las rosas y de los pensamientos del jardín. Sabe de la verdad del agua y de la verdad de la noche. Y del camino dibujado junto al río por las estrellas también sabe. Por eso respira hondo buscando la calma. Y cierra los ojos y escribe todos los días sobre nosotros. Todos los días. Para que la luz nos envuelva, a nosotros, mientras él escribe y nos escribe. Vigilad, pues, os digo, vuestras conductas.”

Me ha resultado inevitable imaginar la puesta en escena de esta dramaturgia que, necesariamente, hay que levantar a pulso. Y con ritmo, un ritmo que por momentos debería ser desenfrenado, muy exigente para los cinco intérpretes (cinco personajes) que son ellos y su propio coro… que deben componer una sucesión de imágenes que completen un cuadro que nadie querría mirar por no verse retratado… en fin… difícil describir esta historia de una huida imposible, que tiene mucho de juego fatídico en el que todo es lo que se intuye y nada lo que parece… un libro sobrecogedor… que animo a leer de un sólo sorbo, claro, y a seguir por las tablas si es que hay quien se atreve a montarlo.

Copio a Ediciones Irreverentes unas breves notas biográficas sobre nuestro autor, al que no conozco más allá del facebook pero al que espero encontrarme más pronto que tarde. Altarcito, precio y etcéteras más abajo.

Miguel Ángel Mañas. Zaragoza, 1969. Licenciado en Dirección de escena y dramaturgia por la Escuela Superior de rte Dramático de Castilla y León, y Máster en Artes Escénicas por la Universidad de Murcia. Actor y director, además de dramaturgo y guionista.

Ha publicado los textos LAMENTUM y LÁGRIMAS DE ARENA (Anagnórisis), LAS NOCHES DE LAS ALMAS ABIERTAS (Lastura), LAMENTUN y TEARS OF SANS (Anagnórisis), FLOCK (Draft inn), IN-VERSO (Pasiones imposibles), TU PALABRA HÁGASE EN MÍ (Lastura) y PARAÍSOS (El tamaño no importa IV, AAT).

Es autor del guión del largometraje EL SILENCIO, y de los cortometrajes EL HIJO DEL MAR, y EL NIÑO DE LAS MANOS ATADAS. El primero de ellos, nominado a mejor guión original en el Mumbai International Sort Film Festival.

Como docente ha impartido clases de dramaturgia en la Universidad Central de Quito (Ecuador) y en la Escuela de Teatro de Zaragoza.

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Miguel Ángel Mañas, 2016. Ediciones invasoras, 2016.

44 páginas. Pvp 8 €.

También disponible en Aula de teatro La Guardería. C/ Sinagoga s/n. Valladolid.

Teloncillo: Historia viva del teatro.

Claro. Uno trata de hacer justicia siempre a aquellos libros cuya lectura le aportan una vivencia y una posición en el mundo, libros que le ayudan a uno a situarse. Este verano de 2016 pude, por fin, leer el primero de los dos tomos que componen esta magnífica edición conmemorativa de los cuarenta años de actividad de la compañía Teloncillo, una compañía que nació en 1968, es decir, hace casi cincuenta años. Ataco ahora el segundo tomo, que repasa la nueva época de la compañía decana del teatro contemporáneo de Valladolid. Y que ahí sigue: en forma y vestida de colores.

Es tan corta mi experiencia entre “escénicos” que tan sólo (des)conozco a la mayoría de quienes se convierten en buenos amigos desde hace unos pocos meses y aún enarbolo mi bandera de principiante. La llevo con orgullo y, sinceramente, espero que me dure mucho tiempo: no puedo resistirme al placer de ser el nuevo. No obstante uno no es inmaculado y hay cosas que se saben sin querer. Que Teloncillo es una de las compañías con más peso de Valladolid se tiene claro con sólo asomar la nariz a la ciudad. Lo haces y te das cuenta de que sigue siendo una de las que alumbran el camino y de que en ella está el origen de todo el teatro moderno de Valladolid.No hay mucho riesgo en decir que las veteranas Corsario, Rayuela o Azar mantienen una relación de necesidad con aquello que fue -y sigue siendo- Teloncillo, y que aún otras que van ahora abriéndose camino -hablo, por ejemplo, de mi querida Pie Izquierdo– avanzan al rebufo de una trayectoria ejemplar.

A mi amigo R. le gusta decir de Teloncillo que es el gran paraguas teatral que fue dando cobijo a muchísimas personas con inquietudes artísticas, no sólo teatrales, y supuso a finales de los sesenta y durante los setenta el caldo de cultivo de una movida pucelana que aún da frutos a día de hoy. He leído el primero de los tomos, el que escribe Miguel Ángel Pérez, Maguil, uno de los históricos teatreros de la compañía y de la ciudad, con ensimismamiento. Cómo no cuando el lector debe percatarse de que por ahí pasaron Andrés Trapiello, Juan Antonio Quintana, Eduardo Usillos, Ana Morgades, Jorge León, Julio López Medina, Javier Mártínez, Fernando Herrero, Carlos Toquero, Javier Semprún, el propio Miguel Ángel Pérez, Eduardo Gijón, Fernando Urdiales, Toñi Cano, Javier Rodríguez, Manuel Sierra, Manuel Pérez, Jesús Martín, Pepe Guerrero, Julián Salvador, Luis Navarro Sales, Esperanza Herranz, Vicente de la Fuente, Montse Arribas, Jesús Pérez Pérez, Juan José Mato, Jesús Martín Basas, José Álvarez, Luis Miguel Marigómez, Fernando Santander, Tomás Salvador, nuestro Ángel Sánchez de hoy… entre otros…

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Es un libro lleno de rincones curiosos, fotos sin desperdicio, documentación, balances, peligros… debió de ser una gran aventura y así nos lo hace llegar la escritura entusiasta de Maguil, las noticias de la censura que no dejaba actuar (me he encontrado con mi admirado Haro Tecglen, gobernador, censor de uno de los montajes del grupo), de la policía que paraba actuaciones… una apuesta a todo o nada… y un aprendizaje sobre la marcha que hoy es legado de incalculable valor.

El retablo del flautista, 1973, es el primer montaje de la compañía de teatro Teloncillo. En este ya están algunos de los principios básicos que componen su personalidad:colectivismo, compromiso social, riesgo… música en directo, una estética cuidada (Manuel Sierra forma parte del grupo desde el principio). Alejados de posiciones complacientes el itinerario de  esta compañía que tarda en constituirse porque hace de su construcción una primera etapa, un prólogo que tiene mucho de político. Ensalada de bandidos (montaje infantil de 1976), Misterio Bufo (1977), América no existe y otros cuentos chinos, Juan Bobo (1981), La ganchitud (1981) y La playa (1987). La dificultad de estrenar este último espectáculo debió de sumarse a otras dificultades que la compañía arrastraba y ese año se disolvió y con ello el final del primer libro, que termina con una sabrosa propina: las últimas páginas son fotos de balances y otras anotaciones que el autor pone a disposición de quien lee. Evidentemente, la historia no termina ahí:

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En 1996 Ana Gallego y Ángel Sánchez, provenientes de La Quimera, deciden poner en marcha un proyecto artístico de infancia y juventud. Quieren recuperar, para ello, la compañía Teloncillo, y Antonia Cano y Miguel Ángel Pérez, Maguil facilitarán la conversión de lo que en ese momento era una asociación cultural en la nueva época de esta compañía histórica, tras lo que finalmente fue un paréntesis de nueve años. Así lo cuenta Isaac Macho en el segundo tomo de este libro de memoria y arte pucelanos. Eduardo Zamanillo (PTV CLOWN) y Pilar López (TEATRO PARAÍSO) están al comienzo de la nueva andadura de Teloncillo como bastón o guía.

Muy destacable para mí de esta lectura es la visión con perspectiva de un proyecto con sentido artístico: la escenografía y los objetos, inspirados en aquel inicio colectivo, de la mano de Sierra, la cartelería, el vestuario, los cuadernos didácticos… dotan a la compañía de una unidad que hacen de ella marca indiscutible de empresa -en el sentido amplio del término-, con los  objetivos claros y con una base sólida. Una base que en este segundo tomo nos desvela Isaac Macho conforme a colaboraciones y estudios escogidos con cuidado, los proyectos bien asesorados… Hay en esta compañía una síntesis entre el bagaje basado en los principios básicos de compromiso con lo social y el objetivo más concreto del compromiso con la infancia. Y, de manera transversal, la interpretación y la música, que atraviesan toda la historia de Teloncillo.

Bucear en este libro es dejarse llevar por una corriente que te arrastra desde lo pasional por nuevos cauces, sofisticados, de poéticas infantiles: quiero decir que se percibe un empuje poderoso que permite, sin embargo, recrearse en la visión de los detalles. Yo que, al contrario que la mayoría de los de por aquí, soy joven, hablé por primera vez con Ángel Sánchez hace poco más de un año y esto era justamente lo que más me destacaba de su trabajo: la libertad poética con la que Ana Gallego y él desarrollaban sus proyectos escénicos, coloridos y abstractos, musicales y preciosistas.

La propina de este segundo libro es una entrevista a Ana y a Ángel en la que hablan de todo, de las cosas que no tienen por qué ser teatro pero que no pueden dejar de serlo en boca de dos grandes teatreros. Punto y final de una lectura con muchos hilos que  para mí ha sido aprendizaje e ilusión por mi trabajo. Un libro que incluso yo, que no soy dado a grandes vehemencias, insto a que cada teatrero de la ciudad lea y, por supuesto, compre: dispondrá así en su librería, por mínima que esta sea, de buena parte de la Historia Moderna del Teatro en Valladolid. Fundamental.

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Miguel Ángel Pérez, 2016 e Isaac Macho, 2016.

Edita Teloncillo. 2 tomos: 1ª etapa (1968-1987) y 2ª etaa (1996-2016)

Pvp: 25 €

 

 

 

 

Muy ilustre Molière

Próximo jueves dramático de risa. Molière. Personalmente no me hace mucha gracia su obra, claramente caduca, pero últimamente y gracias a Esther Pérez Arribas me está dando por reconocer la figura del dramaturgo y actor francés -que sólo desde la ignorancia no podría reconocerse- y creo que esta última lectura la voy a afrontar con ilusión.

Morboria (que hasta la fecha me ha aburrido más que el propio Molière) representa EL BURGUÉS GENTILHOMBRE el próximo viernes 22 de julio en el festival Olmedo Clásico. Por experiencia diré que tiene al público ganado y, es curioso, a mi también me gana antes de que todo empiece: su promesa burlesca, grosera y pelín escatológica es algo que me atrae pero, vaya, llega un momento en el que las promesas se hacen realidad: pasa mucho.

Quiero, sin embargo,prescribir al francés porque es bueno para la salud. A ver cómo lo hago: si el arte es riesgo, si el verdadero artista es aquel dispuesto a jugarse el todo por el todo, aquel que, finalmente, lo lleva a cabo, no creo que haya ejemplo mejor que el de Jean-Baptiste Poquelin (1622-1673). ¿Que qué tiene esto que ver con la salud de uno? Bah… dejémonos de pamplinas, que cada uno se muera como prefiera.

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Molière, 1670. Mauro Armiño, 2015- Alianza, 2015. 400 páginas. 12, 20 €.

¿Puede el arte curar?

Después de todo me está resultando raro recomendar este libro. Pero tengo una experiencia interesante con él y eso es suficiente. Me ha pasado que pensaba prescribirlo sin más. Se trataba de recomendar una biografía de la controvertida y pionera compañía de teatro The Livin´g Theatre. Entendía yo que se iba a tratar de una especie de hagiografía, de ensalzamiento de esta compañía nacida en 1947 que concibió el teatro de una manera radical y orientada al cambio social y político, de manera paradigmática en el Brasil dictatorial de los setenta, que por poco se los come a todos.

El caso es que me he encontrado con un autor -Carlos Granés- que lejos del reconocimiento de los principios que movieron a la Livin´g Theatre expone así la intención de este libro: “Lo que me resulta atrayente de Judith y Julian es otra cosa. Ya lo he adelantado, es algo que tiene que ver con la manera en que asumieron su vocación y la forma en que vivieron y concibieron el arte. Algo que, intuyo, sólo puedo explicar contando esos dos episodios de sus vidas; eso dos proyectos tan radicales como ingenuos, tan nobles como absurdos, con los que asumieron los más altos objetivos y pusieron a prueba, como nunca antes, todos los supuestos poderes que le adjudicó la modernidad al arte.”

Uno o dos párrafos más arriba estuve a punto de desestimar la recomendación de este libro que se pasea por los montajes Paradise Now y El legado de Caín, de los revolucionarios del teatro Judith Malina y Julian Beck, precisamente por un posicionamiento que me ha parecido demasiado neoliberal, vargasllosiano (Granés es estudioso, introductor de la obra del Nobel) como para acompañar en el viaje del experimento, el teatro colectivo, contracultural de esta compañía histórica. Una posición infantil la mía que trato de superar publicando la entrada: es precisamente la contraposición entre dos visiones del mundo radicales -la del autor y la de los artistas- lo que hace más interesante este libro.

Se pregunta, en cualquier caso, Carlos Granés: “¿Puede el arte curar? ¿Puede alterar la conciencia? ¿Puede generar cambios políticos? ¿Puede transformar la sociedad? Si el Living Theatre no logró cumplir ninguno de estos propósitos, entonces nunca nadie lo ha logrado ni lo logrará. Sospecho que también escribo para responder a estas preguntas”.

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Carlos Granés, 2015. Taurus, 2015. 274 páginas. 18, 90 €.

La sombra de Cenicienta

Es que hace unas pocas semanas -qué me pasa con el tiempo- estuvo en la librería BAYCHIMO TEATRO con su titiritesco LA CENICIENTA. Se me ocurrió traer para la ocasión, entre otras, una versión del milenario relato recuperado en Europa por Giambattiste Basile (1634), Charles Perrault (1697), los hermanos Grimm (1812), o como en el caso que tratamos ahora Charles S. Evans (1919), entre otros. Dos valores añadidos a parte de la fantástica encuadernación de la editorial LIBROS DEL ZORRO ROJO (entelada y con estucheque también contiene a LA BELLA DURMIENTE en otro libro de iguales características): la interesantísima introducción que hace Antonio Rodríguez Almodóvar, a quien leí por primera vez en la maravillosa colección CUENTOS DE LA MEDIA LUNITA y la ilustraciones dieciochescas de Arthur Rackham (1867-1939): siluetas que como lector me transportan directamente a las tablas de un teatro. Traduce Elena del Amo.IMG-20160330-WA0021IMG-20160330-WA0017