De la memoria a las memorias.

Al final me decidí por transcribir en mi libreta citas y pasajes del primer libro del ya conocido proyecto de Knausgard MI LUCHA, serie en la que cuenta con pelos y señales su vida y que tanto éxito ha tenido a pesar de detractores como yo. Fue ésta una lectura que abandoné hace un par de años, decepcionado por lo que creía un ejercicio de onanismo pasado de rosca. Algo desde luego innegable aún hoy. Lo que pasa es que este verano he descubierto las virtudes de ese onanismo y he devorado el libro en unos pocos días de lecturas trasnochadas, alguna que otra cerveza y mucho tabaco. Han sido cinco o seis días de vacaciones psicológicas. Hace unas semanas que madrugo mucho y no bebo nada y llevo cuatro días sin fumar. Pero un día llegará la segunda parte, UN HOMBRE ENAMORADO. ¿Volveré entonces a sufrir de mi propia memoria? ¿Me provocará una nueva catarsis sobre mi libreta o cuaderno de campo? Esta lectura ha servido para ajustar alguna de mis propias cuentas. Y he descubierto en Knausgard a un escritor con fondo. No está nada mal.

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A los pocos días comencé otras memorias, esta vez las del profesor de neurología clínica Oliver Sacks, que falleció recientemente. Se llaman EN MOVIMIENTO, y tienen su gracia: algo de su infancia, su juventud, su pasión por las motos, su homosexualidad, sus viajes a Holanda, EEUU, sus relaciones familiares, sus sentadillas, su hermano esquizofrénico… conmovedoras y envidiables a  la vez, y quizá, un tanto lejanas. No puedo dejar de compararlo con la lectura de Knausgard, al que sentí dolorosamente cercano a pesar de ser nuestras vidas diferentes y de vivir en países diferentes, y, sin embargo, mi vida está aún más alejada de la de este médico inglés de pudiente ascendencia judía que me resulta menos comprensible, por no decir extraterrestre. No obstante quizás su precocidad intelectual me hiciera disfrutar de su lectura. Y su vida aventurera más.

Me apetecen, definitivamente, las memorias (parece que he pasado del tema filosófico “la memoria” a la lectura literaria de memorias) y cuando me llegó el segundo volumen de la obra de Knausgard tuve que decidirme entre ello y EN MOVIMIENTO. De hecho empecé a Knausgard pero el noruego se decide en esta segunda parte por un comienzo tibio alejado del que me cautivara en LA MUERTE DEL PADRE: “La vida es sencilla para el corazón: late mientras puede. Luego se para. Antes o después, algún día ese movimiento martilleante se para por sí mismo y la sangre empieza a correr hacia el punto más bajo del cuerpo, donde se concentra en una pequeña hoya, visible desde fuera como una zona oscura y blanda en la piel cada vez más blanca, a la vez que la temperatura baja, los miembros se endurecen y el intestino se vacía (…)”. El comienzo de la segunda parte es más soso.

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Pues eso, que me decidí por Sacks, del que por si no les suena les diré que su obra más famosa es aquel DESPERTARES (1973), trabajo de divulgación médica éxitosamete versionado para las pantallas de cine en 1990, dirigida por Penny Marshal y protagonizada por Robin Williams  y Robert De Niro. También me decidí por Sacks porque me vino por recomendación de mi amigo Ricardo.

Al día siguiente estuve leyendo a Bernhard, concretamente el tercero de sus RELATOS AUTOBIOGRÁFICOS: EL ALIENTO. Sinceramente aún no sé cómo he leído los otros dos: EL ORIGEN y EL SÓTANO. El austriaco me sigue pareciendo un escritor muy atractivo, pero mi lectura de su prosa no fluye. Ya habrá ocasión, me dije, y abandoné el libro a las pocas hojas. Tengo una experiencia parecida con SEÑAS DE IDENTIDAD, de Juan Goytisolo: creo que lo he empezado tres veces. Por ahí le debe de andar TU ROSTRO MAÑANA, de Javier Marías. Habrá un momento para todos ellos. Creo.

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Seguí leyendo a Oliver Sacks en Ciudad Rodrigo, adonde fui con la compañía de teatro Pie Izquierdo, de Esther Pérez Arribas, y con mi librería teatral. Sigue siendo teatral a pesar de esta entrada. Disfruté mucho con una función que no entendí prácticamente durante un sólo segundo: danza. Cada vez me gustan más las cosas que no entiendo y las que entiendo me dejan sumido en un estado anímico parecido a la derrota. El espectáculo GIGANTE, de la compañía LA PEQUEÑA VICTORIA CEN, inspirado por poemas de Jorge Pascual. Qué decir: sutileza,  elegancia, armonía… jugar y fluir… y un compromiso con la interpretación que se echa de menos en muchos montajes teatrales… y es circo y danza… un bocado delicioso, de los que pasan desapercibido cuando se come con glotonería… Me quedo con eso en Ciudad Rodrigo y con la propia experiencia que supuso el cuentacuentos con títeres de mi compañía, claro, en el espacio ASPRODES y como parte de una sección que esta feria -que es cada vez más festival- ha inventado por su vigésimo aniversario. Trata de devolver lo recibido por los mirobrigenses, y allá que fuimos con EN LA GLORIA, a una distancia más que corta con un público que va en cueros o muy ligero de máscaras. Tan emotivo como emocionante.

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A los pocos días de llegar de nuevo a Olmedo retomé la lectura de Sacks, prácticamente abandonada en Ciudad Rodrigo, y vino entonces la parte más importante de esta lectura amena, divertida y más bien blanca, más esponjosa de lo que esperaba: fue capaz, como en el caso de Knausgard, de llevarme a territorios del pasado. En un impulso me dio por revolver cajas y recuperar mis cuadernos de notas, ensayos, diarios… de hace más de veinte años. ¿El resultado? Melancolía de lo más tóxica, pero ya se sabe que lo placentero de las drogas es su toxicidad…

He comprado también MIGRAÑA (1992), UN ANTROPÓLOGO EN MARTE (1995) y ALUCINACIONES (2012). Todos en Anagrama. Puede que los lea. Es seguro que los vendo.

 

 

Teloncillo: Historia viva del teatro.

Claro. Uno trata de hacer justicia siempre a aquellos libros cuya lectura le aportan una vivencia y una posición en el mundo, libros que le ayudan a uno a situarse. Este verano de 2016 pude, por fin, leer el primero de los dos tomos que componen esta magnífica edición conmemorativa de los cuarenta años de actividad de la compañía Teloncillo, una compañía que nació en 1968, es decir, hace casi cincuenta años. Ataco ahora el segundo tomo, que repasa la nueva época de la compañía decana del teatro contemporáneo de Valladolid. Y que ahí sigue: en forma y vestida de colores.

Es tan corta mi experiencia entre “escénicos” que tan sólo (des)conozco a la mayoría de quienes se convierten en buenos amigos desde hace unos pocos meses y aún enarbolo mi bandera de principiante. La llevo con orgullo y, sinceramente, espero que me dure mucho tiempo: no puedo resistirme al placer de ser el nuevo. No obstante uno no es inmaculado y hay cosas que se saben sin querer. Que Teloncillo es una de las compañías con más peso de Valladolid se tiene claro con sólo asomar la nariz a la ciudad. Lo haces y te das cuenta de que sigue siendo una de las que alumbran el camino y de que en ella está el origen de todo el teatro moderno de Valladolid.No hay mucho riesgo en decir que las veteranas Corsario, Rayuela o Azar mantienen una relación de necesidad con aquello que fue -y sigue siendo- Teloncillo, y que aún otras que van ahora abriéndose camino -hablo, por ejemplo, de mi querida Pie Izquierdo– avanzan al rebufo de una trayectoria ejemplar.

A mi amigo R. le gusta decir de Teloncillo que es el gran paraguas teatral que fue dando cobijo a muchísimas personas con inquietudes artísticas, no sólo teatrales, y supuso a finales de los sesenta y durante los setenta el caldo de cultivo de una movida pucelana que aún da frutos a día de hoy. He leído el primero de los tomos, el que escribe Miguel Ángel Pérez, Maguil, uno de los históricos teatreros de la compañía y de la ciudad, con ensimismamiento. Cómo no cuando el lector debe percatarse de que por ahí pasaron Andrés Trapiello, Juan Antonio Quintana, Eduardo Usillos, Ana Morgades, Jorge León, Julio López Medina, Javier Mártínez, Fernando Herrero, Carlos Toquero, Javier Semprún, el propio Miguel Ángel Pérez, Eduardo Gijón, Fernando Urdiales, Toñi Cano, Javier Rodríguez, Manuel Sierra, Manuel Pérez, Jesús Martín, Pepe Guerrero, Julián Salvador, Luis Navarro Sales, Esperanza Herranz, Vicente de la Fuente, Montse Arribas, Jesús Pérez Pérez, Juan José Mato, Jesús Martín Basas, José Álvarez, Luis Miguel Marigómez, Fernando Santander, Tomás Salvador, nuestro Ángel Sánchez de hoy… entre otros…

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Es un libro lleno de rincones curiosos, fotos sin desperdicio, documentación, balances, peligros… debió de ser una gran aventura y así nos lo hace llegar la escritura entusiasta de Maguil, las noticias de la censura que no dejaba actuar (me he encontrado con mi admirado Haro Tecglen, gobernador, censor de uno de los montajes del grupo), de la policía que paraba actuaciones… una apuesta a todo o nada… y un aprendizaje sobre la marcha que hoy es legado de incalculable valor.

El retablo del flautista, 1973, es el primer montaje de la compañía de teatro Teloncillo. En este ya están algunos de los principios básicos que componen su personalidad:colectivismo, compromiso social, riesgo… música en directo, una estética cuidada (Manuel Sierra forma parte del grupo desde el principio). Alejados de posiciones complacientes el itinerario de  esta compañía que tarda en constituirse porque hace de su construcción una primera etapa, un prólogo que tiene mucho de político. Ensalada de bandidos (montaje infantil de 1976), Misterio Bufo (1977), América no existe y otros cuentos chinos, Juan Bobo (1981), La ganchitud (1981) y La playa (1987). La dificultad de estrenar este último espectáculo debió de sumarse a otras dificultades que la compañía arrastraba y ese año se disolvió y con ello el final del primer libro, que termina con una sabrosa propina: las últimas páginas son fotos de balances y otras anotaciones que el autor pone a disposición de quien lee. Evidentemente, la historia no termina ahí:

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En 1996 Ana Gallego y Ángel Sánchez, provenientes de La Quimera, deciden poner en marcha un proyecto artístico de infancia y juventud. Quieren recuperar, para ello, la compañía Teloncillo, y Antonia Cano y Miguel Ángel Pérez, Maguil facilitarán la conversión de lo que en ese momento era una asociación cultural en la nueva época de esta compañía histórica, tras lo que finalmente fue un paréntesis de nueve años. Así lo cuenta Isaac Macho en el segundo tomo de este libro de memoria y arte pucelanos. Eduardo Zamanillo (PTV CLOWN) y Pilar López (TEATRO PARAÍSO) están al comienzo de la nueva andadura de Teloncillo como bastón o guía.

Muy destacable para mí de esta lectura es la visión con perspectiva de un proyecto con sentido artístico: la escenografía y los objetos, inspirados en aquel inicio colectivo, de la mano de Sierra, la cartelería, el vestuario, los cuadernos didácticos… dotan a la compañía de una unidad que hacen de ella marca indiscutible de empresa -en el sentido amplio del término-, con los  objetivos claros y con una base sólida. Una base que en este segundo tomo nos desvela Isaac Macho conforme a colaboraciones y estudios escogidos con cuidado, los proyectos bien asesorados… Hay en esta compañía una síntesis entre el bagaje basado en los principios básicos de compromiso con lo social y el objetivo más concreto del compromiso con la infancia. Y, de manera transversal, la interpretación y la música, que atraviesan toda la historia de Teloncillo.

Bucear en este libro es dejarse llevar por una corriente que te arrastra desde lo pasional por nuevos cauces, sofisticados, de poéticas infantiles: quiero decir que se percibe un empuje poderoso que permite, sin embargo, recrearse en la visión de los detalles. Yo que, al contrario que la mayoría de los de por aquí, soy joven, hablé por primera vez con Ángel Sánchez hace poco más de un año y esto era justamente lo que más me destacaba de su trabajo: la libertad poética con la que Ana Gallego y él desarrollaban sus proyectos escénicos, coloridos y abstractos, musicales y preciosistas.

La propina de este segundo libro es una entrevista a Ana y a Ángel en la que hablan de todo, de las cosas que no tienen por qué ser teatro pero que no pueden dejar de serlo en boca de dos grandes teatreros. Punto y final de una lectura con muchos hilos que  para mí ha sido aprendizaje e ilusión por mi trabajo. Un libro que incluso yo, que no soy dado a grandes vehemencias, insto a que cada teatrero de la ciudad lea y, por supuesto, compre: dispondrá así en su librería, por mínima que esta sea, de buena parte de la Historia Moderna del Teatro en Valladolid. Fundamental.

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Miguel Ángel Pérez, 2016 e Isaac Macho, 2016.

Edita Teloncillo. 2 tomos: 1ª etapa (1968-1987) y 2ª etaa (1996-2016)

Pvp: 25 €