Ediciones del carbón

A finales de 2020, y al rebufo de una mesa organizada por el gremio de Editores de Castilla y León de la que participaban personas que representaban diversos oficios del libro, entre ellas Noemí Sabugal como escritora y un servidor como librero, leí “Hijos del carbón”, que publicaba ese mismo año Alfaguara y que está teniendo una incidencia importante, con un buen número de ejemplares vendidos y, sobre todo, con otras posibles lecturas y relecturas que caben hacerse sobre el mundo de las minas en España poniendo este libro en relación con otros libros importantes, documentales, películas, obras teatrales y exposiciones que dan cuenta de este período y espacio(s) concretos en la Historia de España, su desarrollo capital, de clase y cultural en un sentido que se sabía sin desarrollo posible.

Ligera y vivaz, esta crónica de la mina no renuncia a la complejidad de un sector industrial generador de oportunidades y peligros a partes iguales, de riqueza y pobreza, de un presente sin futuro que duró lo que podía pero cuya maquinaria capital supo crear en los mineros y sus familias una dependencia no sólo económica sino también emocional. Por eso la crónica que se cuenta en este libro son las crónicas de muchos de estos protagonistas y sus relatos se funden con el que en primera persona atraviesa todo el libro, el de la autora nieta de mineros leoneses.

Lo tengo lleno de notas, nombres propios, nombres de documentales, historias, museos, algún bar… pendiente de una relectura que me apetece especialmente desde que llegó el otro libro del que dejo aquí algunas otras notas. Hablaba el otro día con Héctor Escobar, editor de Eolas, presidente del Gremio de Editores CyL, librero y amigo, del trabajo fotográfico de la madrileña Cecilia Orueta “The end”. En esa conversación le daba a Héctor la enhorabuena por este álbum de imágenes -comentadas con textos literarios de varios autores- que retratan lo que queda de poblados palentinos y leoneses y al que dediqué una mañana que, efectivamente, tuvo mucho de ensoñadora o quizás de fantasmal en su lectura, visionado. Una historia que termina, que terminó, de cuyo final, como en las pelis americanas, se sabía aunque no se quisiera saber. Tiene mucho de trágico, también en el sentido clásico.

Dejo aquí enlace al reportaje que sobre este libro y su exposición hicieron en otro de mis lugares favoritos, Tamtam Press, y que administra Eloísa Otero, por cierto, otra de las personas interesantes que participaron de aquella mesa “editorial” que mencionaba al principio de esta entrada: