En casa tampoco.

RELATOS PARA NO TENER QUE LEER.

Dado que el empeño en no leer un libro ni encerrados en casa lleva a una parte nada desdeñable de la población a matar el tiempo viendo y compartiendo vídeos portadores de una imbecilidad cuya virulencia no parece preocupar demasiado a las autoridades me erijo desde este momento en salvador de almas y ofrezco una manera digna de no tener que leer con estos relatitos que, de verdad, están escritos de manera tan pobre que el lector parecerá un auténtico idiota al mirarlos, y digo mirarlos porque no tendrá que leerlos. Me atrevería a decir que incluso podrá compartirlos, pero aún no tengo muy clara la condición.

La cosa será que yo hablaré por escrito pero sólo hablaré. Pondré casi siempre bien las tildes. No prometo absolutos, es cuestión de creencia, así que algo de su parte tendrá que poner el mirador, o sea usted que me está mirando. En realidad humildemente trato de unirme a las campañas de solidaridad como si fuera un artista más y entretener a la gente de casa que repentinamente ha dejado de ser explotada por el sistema y no sabe qué hacer, más allá de cuidar de la borrachera permanente que mantenga al punto su docilidad para la vuelta a la rutina, pues es casi seguro que salga vivo de esta y, en ese caso, deberá pasar cuanto antes de ser gasto a producción. Si alarmo mucho me lo ponen en los comentarios, pero vaya por delante que a estas alturas dicha alarma de usted sería de una candidez a su vez alarmante para mí, y así algunos etcéteras más hasta el bucle y a mí los bucles me ponen nervioso y de mal humor y, en fin… no sé en qué términos contestaría a su mensaje…

En cualquier caso lo importante es que usted no lea y para que se vea que mi intención es honesta no me ando con más rodeos y escribo enseguida el primer relato para no tener que leer: