Muy señores míos

Uno de los últimos trabajos de la editorial vallisoletana Difácil me ha tenido enganchado con lecturas preparatorias en diferentes momentos de este 2020, año de la derrota. Habíamos programado una velada con Marisa López Soria para la Feria del Libro de Valladolid que no se pudo hacer en junio y después proyectamos con su obra una actividad diferente en la Feria que entre septiembre y octubre sí pudo celebrarse con satisfacción de libreros, editores, lectores y organización. Este último apunte sonará complaciente pero el nivel previo de incertidumbre puede imaginarse y ha sido una alegría que los lectores hayan acompañado. Lo cierto es que esta edición singular de la feria nos ha obligado a atendernos y nos ha permitido reforzar con tejido ciudadano la base libresca y literaria a partir de la cual seguirá desarrollándose en el futuro.

Así, el poemario “Muy señores míos” ha sido compañero para este camino que se sigue haciendo y ha formado parte de la lectura “Poesía con tacto y sonora” que el 4 de octubre de 2020 -año de lo de siempre- hicieron Luis Miguel García (Teatro Corsario) y Esther Pérez Arribas (Teatro de compañía Pie Izquierdo) en lo que supuso también homenaje al escritor fallecido meses antes José Jiménez Lozano.

Mi reseña es, pues, reconocimiento de un poemario que he trabajado con cierto detalle y cuyas lecturas han ido siendo cada vez más interesantes, sobre todo por la oportunidad que procuran de indagación en lo propio. Marisa López Soria escribe versos con los que el lector se pregunta cosas importantes, en una búsqueda de sí. Ese es el valor máximo de este poemario en el que la poeta nos cuenta y nos canta las pasiones por algunos hombres importantes y que supone, en su parte más interesante, un homenaje a su padre muerto.

“La orilla rota” es la primera de las tres partes de las que está compuesta la obra. Es, como decía, homenaje, es recuerdo y memoria de su padre y de ella misma. Porque relatar la memoria del padre -en otro poema juega con esta idea borgiana- tiene mucho de conocerse, supone una búsqueda de la identidad (“soy tu prolongación de espíritu”), y ya se sabe que eso de la identidad es siempre un invento, una fabulación: “(…) figuras, signos, códigos incapaces, y mucha fabulación. “. Así, la poesía queda justificada y su juego se potencia como necesidad durante toda la obra. Esa construcción es íntima y, por tanto, verdadera, y sus materiales pueden ser humorísticos:

Esther Pérez Arribas y Luis Miguel García leen poemas de Marisa López Soria en la Feria del Libro de Valladolid.

Si me despojas de todos los refugios,

si me niegas el estrujón de tus brazos,

haré mi fortaleza en el recuerdo

de tu enorme nariz, tus pies deformes,

tus muchas injusticias, tus hipérboles,

¡tamañas exageraciones!

Ya sabes que soy terca, ¿ves que ni lloro?

Lo estás buscando.

Y yo, tu testaferro, irritada, extendida,

haré caceroladas, divulgaré tus faltas,

redundaré mil veces, por qué, por qué, por qué.

Tú no eras ningún santo.

Capaz seré de colocar flores de plástico, o

dibujar tu rasgo más trivial como vivencia única.

En incuria, si te haces de rogar, y me dejas

derramada en aristas, acento meritorio pondré

en que perdures ante los hombres

en el apresto

de simples bocadillos de jamón.

Este poema delicioso es representativo de un sentimiento que atraviesa “En la otra orilla”, el de inconformismo, un sentimiento que se retroalimenta con el de incredulidad, ambos tienen mucho de fantásticos y buscados y son herramientas para la indagación: “creer o no crecer”. Esta disyuntiva da cuenta de un anhelo imposible y, claro, de una aceptación de la que se parte. “Es extraño dar voz a un misterio rotundo, / acostumbrado (…)” podemos leer en los comienzos del libro, y un poco más adelante: “un suceso vulgar -reconozcamos- / familiar, categórico, de lo más cotidiano”. Después de varios poemas que juegan con la fabulación e ironizan con lo cotidiano de un suceso, sin embargo, trascendental el tono trágico va tomando protagonismo y se transforma en canto que, a la manera de los clásicos griegos, tiende al exceso y es capaz de conjurar a la naturaleza en torno a un hecho absoluto: “Venid a mí, sobre mí, conmigo, mecum. / Os requiero en exhorto / Hombres y mujeres de la tierra, / Amigos, enemigos, razas, colores, / Montañas y cavernas, abisales y cimas, / Animales y plantas, ríos y mares, (…)” y al final de este largo poema con el que cierra su duelo: “Haced mundo y projimidad: / He quedado sin padre”.

Si “La orilla rota” es duelo “Trampantojo”, la segunda parte del poemario, es desengaño. Mientras que aquella es respuesta literaria a un acontecimiento rotundo que la autora sufre y ante el que no puede hacer nada a pesar de su empeño, esta es crónica de una respuesta literal, de una decisión que la autora reivindica:

Acción * Reacción

Cuánto tiempo entre la boria y,

por fin,

aquel gesto iluminado de tirarte por la borda.

*

Si el dolor cuando dura es soportable,

yo me lo pido fuerte, o sea efímero,

como un placer cualquiera.

Efectivamente es la respuesta a un desengaño amoroso y en ella la ironía con la que se abre el libro deja paso al sarcasmo, y el anhelo pasa a ser bien otro, aunque el sentido del humor continúa afilado:

Aferrada a la teoría de Borges,

si te recuerdo hoy poseo una imagen tuya de instante,

mas si te recuerdo mañana

lo que evoco no es la primera imagen sino un retrato de la memoria.

De tal manera que, cuando te rememoro,

no te estoy evocando

ya que la presencia se corresponde a la postrera vez que te recordé

(pálida contemplación del retrato original).

¿No es fantástico?

De ser irrefutable hipótesis,

acaso, en breve, te desvanezcas.

Tanto en la primera como en la segunda parte hay un evidente propósito curativo para heridas, sin embargo, bien distintas y que tienen localizado en la memoria su punto más doloroso. Pero mientras que “En la otra orilla” la memoria es obligada e inevitable (“Padre, / soy Funes, el memorioso, aquel que nunca olvidaba”) aquí el olvido se presenta como objetivo último.

La tercera parte, “París”, abandona cierta frivolidad de “Trampantojo” y sus poemas vuelven a ser valientes. Hay, por fin, celebración. La fabulación no deja de estar presente para jugar incluso con la conjetura del desamor.

Supongamos que no es causa verdadera,

es abalorio, singladura, y esdrújulo episodio.

Supongamos que me voy, o tú te vas, o

que nos vamos ambos.

Suponte que la caterva de abrazos, la ternura

se fueran blasfemando.

Si aquello se quedara en nada de valor,

yo me supongo que

al fondo de cada sueño, estrella fugaz

proyecto de víspera y mañana

con crespón negro, por sobre toda cosa

nos seguirá la pista amor,

el amor descontento.

Regresa un lenguaje poderoso que esculpe versos bellos y poemas alegres con palabras inventadas si es preciso, con juegos fonéticos que la autora comparte con el lector al que invita, de alguna manera, al encuentro, a la celebración, por fin, del amor y de la poesía.

Libros de autor: Marisa López Soria // Grupo Edebé: publicaciones  infantiles, juveniles y para adultos
Marisa López Soria

Muy señores míos supone, como dice Raquel Lanseros en la introducción, el regreso de Marisa López Soria a la poesía para adultos desde que publicó en 1995 En consideración te escribo. Desde entonces esta autora murciana se ha dedicado a la literatura infantil. Ha publicado en las editoriales más potentes del panorama español y desarrolla su labor pedagógica también con talleres de animación a la lectura y de creación literaria. Pueden conocer más de ella en este enlace: http://marisalopezsoria.com/